Read Ocho peculiares by Lalia Alejos Capítulo 146

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Capítulo 146 Capturar al Espíritu del Harén

Priscila estaba destrozada.

–Sam, Fernando. No me hagan esto. Saben que no puedo elegir. No podemos vivir felices juntos?

Ella solo recitó la línea que copió de un drama al azar. Liliana le susurró a Pablo:

-¿Es este la historia inventada de una mujer que hace bebés con dos novios del que me hablaste?

Beatriz estaba horrorizada.

-No, esto es mucho peor. Esto ya es una broma.

Liliana asintió como si comprendiera la situación.

Pablo intervino:

-No olvides para qué estamos aqui, Liliana.

El Espíritu del Harén estaba demasiado ocupado con su -dilema-..

-Te enseñaré Contención. Podemos transformar nuestra energía en un lazo y capturar espiritus. Ahora…

Liliana escuchó con atención las instrucciones de Pablo. Luego hizo el primer intento, pero no salió nada.

Pablo la animo:

-No

pasa

nada. Lleva unos cuantos intentos, incluso para los genios.

-¡De acuerdo!

Liliana no era de las que se rendían con facilidad. Lo intentó por segunda vez, pero fue en vano. Para su tercer intento, se concentró mucho con su pequeña cabeza. Antonio vio a Liliana, preguntándose por qué tenía una expresión de estreñimiento. Lo que él no podía ver era que Liliana conjuró una red carmesi y enredó al Espíritu del Harén. La mandíbula fantasmal de Pablo cayó al suelo.

¿Una red carmesí tan pronto? ¡Por lo regular se empieza con un lazo!».

El espíritu estaba atrapado. Vio a su agresor y descubrió que estaba detenido por un simple niño. Se agitó y forcejeó, pero la red carmesí se puso más tensa. Mientras tanto, los ojos de Priscila se pusieron caidos y arrastró las palabras.

-No me dejes. Fernando… Sam….

Liliana intentó recuperar la red, como si estuviera en una carrera de fuerza.

-iSueltame! -gritó el espíritu.

Turó de la red, casi arrastrando a Liliana con él. Antonio se apresuró a atrapar a su sobrina que caía, Pablo al nai intervino. Con unos rápidos movimientos de los dedos, la red carmesi brilló. El espiritu estaba ahora contenido

Y con un último tirón, el espiritu fue sacado a la fuerza de la cabeza de Priscila

– ¡Qué buena atrapada!».

Liliana estaba muy contenta. Sam aflojó el agarre que Priscila tenia sobre él.

-Ya basta. Ya tuve suficiente.

Decidió remunciar. El dia anterior probó el sabor del amor. Pero hoy, la realidad le dio una dura lección. Sam lo vio venir. Priscila nunca fue una mujer leal. Priscila salió de su alucinación. Pensando en los momentos intimos que compartieron la noche anterior, de manera inconsciente gritó:

Sam… Priscila vio al único hombre que quedaba-. Fernando, no me vas a dejar, ¿verdad?

Dos de sus tres novios la habian dejado. Era una mujer. ¿Cómo podía vivir sin un hombre? Pero Priscila solo vio los ojos sin calor de Fernando.

-Quiero que vengas conmigo para que puedas empacar tus cosas. Y luego, nunca vuelvas.

Priscila se derrumbó.

-¡No! No puedes hacer esto. Dijiste que me perdonarias, hiciera lo que hiciera.

Ella era solo una niña que queria la validación de otro hombre. ¿Era demasiado?

-Cambié de opinión. -Fernando la dejó ir-. Cancelaré la tarjeta de crédito que te di. Cuidate.

El miedo consumía a Priscila. Sin ingresos, ¿cómo podría alimentarse?

-Pero Fernando…

Fernando apartó de un golpe el brazo de Priscila. Habia una multitud reunida para observar todo el fiasco. Todos la señalaban e intercambiaban comentarios entre ellos.

Fernando empaquetó lo que Liliana y Antonio compraron y se los dio.

-Lo siento, ya voy a cerrar. Pueden quedarse estas cosas gratis. Y eh… gracias.

Beatriz tomó de la mano a Liliana.

-Vámonos.

Antonio empujó la silla de ruedas de Beatriz y dejó a Priscila en el lugar. Liliana tuvo que cargar con sus manos el Espíritu del Harén que se resistía. Pesaba demasiado.

-Liliana, ¿qué llevas?

Beatriz tenía curiosidad por saber por qué Liliana estaba en una postura extraña. Para no asustar a su abuela, Liliana agitó la mano con despreocupación.

-Solo estoy jugando, abuela.

Beatriz no podía deshacerse de su sospecha, pero no insistió. De camino al estacionamiento, compraron lo que necesitaban para curar el insomnio de Antonio. Para sorpresa de todos, Priscila estaba alli

Señor Castellanos. Por favor, todos me abandonaron. Ahora no sé qué hacer. Por favor, ayudeme.

Prestome su hombro -sollazo, como un animal herido.

Habia terminado con Saul, Sam y Fernando por él. ¿Sería posible que Antonio la aceptara ahora?

Antonio levantó su esbelta pierna y propinó una patada a la patética mujer. La fuerza de la patada envió a Priscila volando contra un bote de basura. Beatriz y Liliana veían con los ojos abiertos,

–Si te vuelvo a ver, te echaré a patadas otra vez.

Parecía que

Antonio había aprendido algo del vandalismo de Braulio. Después de que Antonio se asegurara de que todos estaban en su auto, se marchó. Priscila lloró como nunca en el suelo. Su futuro marido la habia malinterpretado.

Antonio no tardaría en darse cuenta de su error y volvería a recogerla. Entonces tendrían un emotivo reencuentro, ¿verdad?

 


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Score 9.9
Status: Ongoing Released: 12/16/2023 Native Language: Spanish
Ocho Peculiares" by Lalia Alejos is a captivating novel that intricately weaves together the lives of eight peculiar characters, exploring the depths of their eccentricities and the interplay of their destinies in a rich narrative that transcends conventional storytelling boundaries.  

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Detail Novel

Title: Read Ocho peculiares by Lalia Alejos
Publisher: Rebootes.com
Ratings: 9.3 (Very Good)
Genre: Romance, Billionaire
Language: Spanish    
 

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Capítulo 1

Ciudad Lavanda, primera zona residencial; Mansión Juárez. Hoy era el festival de las linternas. Luces de colores estaban decoradas alrededor de la casa, dando un toque de calidez a la fría atmósfera de la Familia Juárez. De repente, un grito resonó por toda la mansión. —Ay. Seguido de un ruido sordo, ¡una mujer embarazada cayó por las escaleras! Todos se sorprendieron y corrieron hacia ella. Esteban Juárez, presidente de la Corporación Ador Juárez, preguntó rápido: —Débora, ¿estás bien? El rostro de la mujer palideció al ver la sangre fresca que le corría por las piernas. Horrorizada, respondió: —Esteban, me duele... Nuestro bebé... ¡Rápido, salva a nuestro bebé! La madame de la casa, Paula Andrade, presa del pánico, preguntó: —¿Qué sucedió?
Débora miró hacia lo alto de las escaleras con lágrimas en los ojos. Todos levantaron la vista y vieron a una niña, de unos tres años, de pie en lo alto de la escalera. Al ver la mirada de todos, abrazó con fuerza el conejo de juguete que tenía en los brazos, asustada. Ricardo Juárez rugió furioso: —¿Fuiste tú quien empujó a Débora? La niña hizo un berrinche. —No fui yo, y yo no... Mientras lloraba, Débora suplicó: —No... Papá, no es culpa de Liliana. Todavía es joven, y ella no quería... Sus palabras reafirmaron rápido que era culpa de Liliana. Los ojos de Esteban se oscurecieron, y ordenó de inmediato: —¡Enciérrenla en el ático! Me ocuparé de ella en cuanto regrese. El otro se apresuró a enviar a Débora al hospital mientras los sirvientes arrastraban a Liliana escaleras arriba. Incluso cuando se le cayó un zapato, mantuvo un rostro obstinado y no suplicó ni gritó pidiendo ayuda.

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